Ópera incendiaria

Criatura escueta
como la alta vaca de esa lata,
al ver su cara de chapa,
sus manos como utensilios de abrir,
al sentir el roce metálico,
chispeante,
miro al suelo empapado de ácido,
veo como una chispa resiste la extinción de la caída,
oigo algo parecido al silencio,
seguido de un sonido apagado
similar al de una estocada,
supe que era la flama que se desplegaba,
un telón que al extenderse,
en lugar de ocultar,
evidencia como la aparición
omnipresente va ejecutando
su ópera incendiaria,
mientras el drama provoca lágrimas
de carbón galvanizado.
Siguiente acto,
el fuego avanza por la pared,
interpretando un adorno
que se devora todo el espacio,
anidando en lo plástico,
nutriéndose de lo esponjoso.
Resultándole apetecible el confort,
tanto,
que le hizo decir al fuego,
“fuego”,
luego desapareció,
mejor dicho parecía viejo y cansado,
sin embargo siguió ardiendo invisible,
en los cimientos de lo que fue algo muy caliente.

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