Lo he nombrado

Lo he nombrado,
sin querer,
sin saber,
y el pergamino descendió hasta mi cabeza,
como un rollo de revelaciones,
facultades de alta ingeniería metafísica,
se expandieron en mi cuerpo,
pude ver la niñez de mi padre,
con mí estómago llorando,
llorando,
con mi mirada metida en mi mente,
recorriendo con escalofríos las imágenes,
que se presentaban con su espacio específico,
con el olor de aquel tiempo.
Pude ver otras cosas,
podía curar con mis manos,
podía recibir
la pesadumbre de otras personas.

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