Caminan

Están los que caminan derecho,
los que caminan para atrás
de los que caminan perplejos,
y de los que caminan detrás.

Están caminando contentos,
están caminando veraz,
caminan por espejos,
algunos caminan por el revés,
otros caminan de costado,
y otros caminan desnudos.

Existen los que caminan por las paredes,
los que lo hacen por los techos,
están los que caminan cayendo,
bueno, están los que caminan como soldados
como los del servicio, secreto,
claro están los que caminan en puntas de pie
los que caminan agachados,
sigue habiendo de los que caminan encorvados,
sigue habiendo héroes que caminan como héroes,
y héroes que caminan como derrotados,
hay caminantes que solo caminan por las huellas,
hay otros que caminan por el fuego caminado,
hay quienes caminan por el césped prohibido,
hay quienes caminan sobre mierda,
están los que caminan dormidos,
y están los que caminan demasiado despiertos,
algunos caminan al filo,
y otros caminan nocturnas cornisas,
y están los que caminan sobre hormigas,
y están los que caminan sobre los muertos,
por otra parte andan los que caminan lentos,
lejos de los que caminan rápido,
habrá siempre de los que caminen con bastón,
sin ninguna diferencia de los que caminen erectos,
hay de los experimentados que caminan cogiendo,
por supuesto están los que caminan caminos,
y unos pocos que caminan sobre el agua,
hay caminantes lunares,
hay caminantes que caminan el camino del exilio,
y hay los que solo caminan sobre palabras,
y hay los que caminan en silencio,
de los que caminan en pareja,
de los que caminan tristes,
están los que caminan por las nubes,
están los que caminan desiertos.

En fin, hay, de los que caminan la vida,
y hay de los caminan, pero muertos.

Lo que hago

Yo todo lo que hago,
lo hago para estar más alto,
para que todo empiece a cobrar perspectiva,
para que el juego acompañe,
para que la niñez sobreviva.

Yo todo lo que hago,
lo hago para estar más alto,
para recuperar la levedad,
para que nadie me prohíba volar,
para que hoy realmente sea hoy y no ayer.

Yo todo lo que hago,
lo hago para estar más alto,
para dormir en paz,
para vivir sin el peso,
para resguardar la piel.

Yo todo lo que hago
lo hago para estar más alto.

Y rodó un ovillo de lana

Y rodó un ovillo de lana
un hermano, del hermano
la mano incoherente
de una madre,
todo esto justo a tiempo,
a tiempos de esferas,
partidas por la mitad,
y de cataratas múltiples,
de amplias resolanas,
por otra parte,
al mismo tiempo,
a los jazmines
se les dio por llorar,
los perros maullaron suave,
los gritos se metieron para dentro,
y la vida transcurrió en esa casa
como cualquier otra mañana,
para no poder encontrar otra vez,
el principio de los tiempos
o tal vez,
tan solo la punta
de ese arrinconado ovillo de lana.

Mistificando

Quien sabe,
que diga lo espíritu de la pandereta.
Quien sabe,
que explique,
la claudicante
espera de los planetas.
Quien quiere,
que tenga,
la espuma quemante,
de la asfixiante iniciación de los cometas.
Quien riega,
que crezca,
en la aspirante nebulosa,
practicante de flor negra.
Quien juega,
que aprenda,
a estar navegante
de explosiones en pasos y tretas.
Quien vela,
que encienda,
lo expectante,
lo misterioso,
de la insistencia del mosco,
de la congruencia de la escarapela.
Quien lea,
que ilustre,
sobre los lustres insidiosos
en los remos,
y en los húmedos estandartes de los banquetes.
Quien comete,
que retenga
la última esfera productiva
de enlaces mortales,
de ásperas fronteras.
Quien gobierna,
que convenga,
la inminente reputación
de lo que alberga.
Quien sostenga,
que no hiera,
la robusta situación
de árboles y sistemas.
Quien maneje,
que quiebre,
en la ínfima corteza
de amor y sapiencia.
Quien maldiga,
que estorbe,
y no sepa que es espina docente
de la ortiga,
en mariposa,
luego en hiena.
Quien regañe,
que observe,
el hábito invasor
de la especie que nos habita.
Quien odie,
que siembre,
la clara explicación
de rotas veredas
y amplios desbordes exógenos.
Quien carretee,
que vuele,
que siempre hay intentos,
que nunca acaban los logros,
que lo que escribo no le agrade a todos,
que nadie tenga la intención
de ser alguien,
pero que, sin embargo, lo sea.

Singularidad

Y de donde escapar
si el camino está empapado
de zancadillas maestras,
y el verbo sangrante
de tus palabras arcadas,
de mi otro vos,
que dan borbotones de aliento,
en el caldo de las presunciones,
si logras penetrar tus espejos,
romper por fin el maleficio
del reflejo
que se traga toda la luz
podrás encontrar,
cara a cara
a tu otro yo,
y negociar con él
el encuentro
el enlace hertziano,
entre las ondas existenciales
de la sombra en todas partes,
y la escasa luz de los rincones,
por fin navegar la integridad minotauro,
de un solo esbozo
conciliar el sueño de un mundo mejor,
sin atrasos,
ni puntualidades
como un gesto
de forastero
que toma a la vida
como algo prestado.

Ópera incendiaria

Criatura escueta
como la alta vaca de esa lata,
al ver su cara de chapa,
sus manos como utensilios de abrir,
al sentir el roce metálico,
chispeante,
miro al suelo empapado de ácido,
veo como una chispa resiste la extinción de la caída,
oigo algo parecido al silencio,
seguido de un sonido apagado
similar al de una estocada,
supe que era la flama que se desplegaba,
un telón que al extenderse,
en lugar de ocultar,
evidencia como la aparición
omnipresente va ejecutando
su ópera incendiaria,
mientras el drama provoca lágrimas
de carbón galvanizado.
Siguiente acto,
el fuego avanza por la pared,
interpretando un adorno
que se devora todo el espacio,
anidando en lo plástico,
nutriéndose de lo esponjoso.
Resultándole apetecible el confort,
tanto,
que le hizo decir al fuego,
“fuego”,
luego desapareció,
mejor dicho parecía viejo y cansado,
sin embargo siguió ardiendo invisible,
en los cimientos de lo que fue algo muy caliente.

Lo he nombrado

Lo he nombrado,
sin querer,
sin saber,
y el pergamino descendió hasta mi cabeza,
como un rollo de revelaciones,
facultades de alta ingeniería metafísica,
se expandieron en mi cuerpo,
pude ver la niñez de mi padre,
con mí estómago llorando,
llorando,
con mi mirada metida en mi mente,
recorriendo con escalofríos las imágenes,
que se presentaban con su espacio específico,
con el olor de aquel tiempo.
Pude ver otras cosas,
podía curar con mis manos,
podía recibir
la pesadumbre de otras personas.